Horarios
Jueves 16 de Febrero 2012: 12- 21h
No sé si Louise y Antoni se dan la mano realmente; de hecho, después de verlos juntos, creo que funcionan mejor por separado. La sincera emoción y el misterio sin artificios que desbordan las piezas de Louis Bourgeois, unido a la presencia inquietante de cada una de sus piezas que se graba por siempre en la retina del espectador, no ayudan a acercarse a las obras de Antoni Tapies, extraño alquimista, que no pierde la razón por mucho que lo intente, empeñado en eliminar, o superar, la dualidad naturaleza/hombre, materia/espíritu, que tanto le atormentan. Y en esa lucha personal, a veces, pierde batallas y, en otras ocasiones, sale victorioso, con el sombrero bien puesto, de uno de sus magníficos armarios. 
La poesía en primera página, en primera plana, en primera línea de combate. Escribir y leer parecen no ser delitos y por eso nunca fueron noticia los versos. Pero lo sabemos todos, “la poesía es un arma cargada de futuro”
Un mapa es una representación gráfica y métrica de una porción de territorio que generalmente sirve de guía. Un mapa puede contener tanta información que necesitaríamos años para recorrer físicamente cada uno de los espacios nombrados y, sin embargo, podemos guardarlo de un solo gesto en el interior de un bolsillo. Mundos, lugares, tiempos, plegados y envasados.Temo a la locura tanto como a la cordura, porque el extremo siempre desea su contrario y en algún momento lo hallará.
El loco, con el tiempo, se vestirá de los ropajes del cuerdo; y el cuerdo, cuando se desnude, se encontrará cara a cara con su locura.
El loco dijo: No tengo pies.
El cuerdo respondió: No importa, usa zapatos.
Afirman que el loco como el niño siempre dicen la verdad, pero no es cierto. El loco miente a los oídos del cuerdo; y el cuerdo, esconde en su mano lo que sabe que es verdad.
El loco se comió una mariposa porque deseaba volar.
El cuerdo se compró un cazamariposas.
El loco se dirige con palabras educadas a su imagen reflejada en el espejo, y se apena porque el mundo ha dejado de hablarle.
El cuerdo se entristece al observar su rostro en el espejo, pero, cada mañana, se afana en afeitar con precisión su mudez.
El loco, descalzo, imprecó al cuerdo en medio de la calle.
El cuerdo se quitó los zapatos y se los arrojó.
(Marlo midiendo extremos)


A veces siento que vivo en un gran supermercado donde uno tiene al alcance de la mano cualquier cosa que desee para su consumo. Eso sí, debidamente envasado, siguiendo los gustos estipulados por el buen marketing; certificado, habiendo pasado unos rigurosos controles de calidad mediáticos; y etiquetado.
Las etiquetas son muy importantes, ¿cómo si no saber el valor que tiene lo que se ha comprado? ¿Cómo distinguir al enemigo y al que puede ser amigo? ¿Cómo encauzar una conversación si nuestro interlocutor carece de etiqueta?
Etiquetamos los sentimientos, las relaciones, las ideas, los cuerpos, los conceptos, los barrios, las ciudades, los gestos, la cultura, la historia, los versos, el sexo, las palabras. No es lo mismo decir Dios en una Asamblea de eruditos judíos a pronunciar la misma palabra en el Congreso Mundial de Ateísmo; o hablar del poeta fulano en la Feria del Libro, a referirse a fulano, que es poeta, y que sigue empeñado en una búsqueda personal que sólo él entiende.
Por eso en los supermercados no importan los nombres sino las marcas. La marca no es sólo un nombre sino que es garantía, pertenencia, prestigio, y que produce anomalías mentales y parálisis emocional irreversible, pero ¿a quién le importa?
Yo personalmente me quedo con los nombres, y si estuviese en mi mano hacer una gran hoguera con todas las etiquetas, estaría encantada de prender la mecha.
marlo (asomada al balcón y sin etiquetas)