lunes, 10 de junio de 2013

Bobin


Lo que espero es lo imprevisto, y solo eso. En todas partes, siempre. En los dobleces de una conversación, en el vado de un libro, en las sutilezas de un cielo. Lo acecho tanto como lo espero. Lo que no me espero, es lo que espero.
Autorretrato con radiador, Bobin.

Me danza por el cuerpo la emoción de descubrir a un escritor nuevo. Y no ha sido un descubrimiento cualquiera, como bien se puede intuir por la cita al comienzo del presente escrito, sino un festivo encuentro que me acompañará siempre.
Bobin me ha hecho recordar que todavía existen libros que necesitamos guardar porque jamás se acaban de leer. Poseen esa cualidad especial: cada vez que uno los cierra porque cree haber finalizado su lectura, se renuevan por dentro para el próximo encuentro, como una flor que se abre de nuevo de forma inesperada. Una de las flores de Bobin:
“Al despertar, dos azucenas de cada tres se habían quebrado, agobiadas por el peso de sus flores. Con un cuchillo corté los tallos por encima de su herida. Las flores siguen abriéndose, fértiles, blancas, manchadas de naranja. El agua se les sube a la cabeza con mayor rapidez – el agua y acaso la soledad, el silencio, el gozo de vivir sin prudencia alguna.”
A Bobin no le conoce mucha gente. En parte porque, de todos sus libros, solo existen dos traducidos al español en el mercado editorial actual: Autorretrato con radiador y Un simple vestido de fiesta, y quizá también porque es un escritor sin trampa ni cartón. No se viste para el público, más bien se desviste ante el lector sin querer, y le incomodan las entrevistas que apenas concede. Pero se me antoja que puede haber otra razón. Creo que para su lectura hace falta no esperar nada de antemano, echar los prejuicios al cubo de la basura y tener todo el tiempo del mundo, aunque se disponga de media hora. Media hora sin tiempo. Creo que esto requiere de una actitud que hemos olvidado.
Recomiendo la lectura de Bobin porque pertenece a esa clase de escritor que construye. Es importante construir, se puede, aunque muchos no lo crean. Incluso para destruir inteligentemente hay que construir. Estoy cansada de los discursos que comienzan con las palabras: denuncia, crítica, juicio, como los entrantes de un anunciado y suculento menú. Suele ocurrir que uno se queda hambriento. No es el caso de Bobin.
Sus libros son de cocción lenta. “Los libros con buena salud se escriben en la calma. Salen de la conciencia del escritor como los sueños surgen de un descanso feliz. Son libros escritos para seguir viviendo y durmiendo en calma.” Libros escritos desde el gozo y la locura: “Definitivamente no me gusta la cordura. Imita demasiado a la muerte. Prefiero la locura - no la que se padece, sino con la que se baila”.
Buen provecho.
(Todas las citas son del libro Autorretrato con radiador)
(marlo relamiéndose)