viernes, 25 de noviembre de 2011

En presencia de Alberto Giacometti


Presencia.
(Del lat. praesentĭa).
1. f. Asistencia o estado de una cosa que se halla delante de otra u otras o en el mismo sitio que ellas.
2. f. Talle, figura y disposición del cuerpo.
3. f. Representación, pompa, fausto.
4. f. Memoria de una imagen o idea, o representación de ella.


Un día, alguien preguntó a Alberto Giacometti: Cuando tus esculturas tengan finalmente que abandonar el estudio, ¿dónde irán? ¿a un museo? Y él respondió: No, que las entierren, así podrán hacer de puente entre lo que está vivo y la muerte.
Sus esculturas, al igual que sus dibujos y pinturas, parecen emerger hasta dar forma a una presencia que se hace definitiva. Esa presencia, en este libro y gracias a las fotos de Marc Trivier, se revela sin artificios y de un modo dialogante; como un palentólogo que, tras desenterrar su hallazgo, lo mostrase en un primer acercamiento, intentado entender por qué se hallaba en aquel lugar.
El espacio siempre ha sido un gran contenedor difícil de atrapar y de nombrar. Para Giacometti este espacio es temporal, como un fluido en continúo movimiento. Y sus rostros, sus cuerpos, se hacen y se deshacen hasta quedar atrapados en una presencia.
Esta idea, que he decido denominar como presencia, está lejos de algo ambiguo o poco definido; sino que, por el contrario, apela a ese yo incondicional de las cosas y de las personas. Un yo que más tarde, en la vida social, se reviste, es hombre o mujer, es joven o viejo, es ladrón, comerciante, guerrero, etc.
Creo que es muy difícil acercarse a la obra de un artista plástico a través de las palabras y de las impresiones plasmadas en un papel. Por eso, para aquellos que estén interesados en la obra Giacometti, recomiendo este pequeño libro. Algo consigue, y esto ya es mucho, a pesar de no encontrarnos ante la presencia de la obra de Giacometti.
Llevo años persiguiendo y trabajando en la idea del escondite. Un concepto ligado a mi historia personal. Quizá por eso me ha emocionado su contestación: “que las entierren”. Estoy segura que él no buscaba un escondite, en el sentido estricto de la palabra, pero ¿hay un escondite mejor?
(marlo)




miércoles, 9 de noviembre de 2011


La noche es un erizo que, alumbrado por una luciérnaga, busca la sombra que olvidó. 
(marlo tras el rastro de una sombra)