sábado, 27 de junio de 2009

Viraje























Te abracé sobre el columpio
(rojo, oxidado, creciente)
tu brazo robó mi cintura
(travieso zumbido de mariposa)
mis besos te dejaron ciego
(abiertos al mar)
las palabras hilaron el vaivén
(rumor de amapola escondido)
de tus dedos, de mi risa,
(balanceo adolescente)
de nuestro deseo.
Marlo


jueves, 18 de junio de 2009

Ven, que quiero desnudarme...

Cuando, hace años, leí este poema de Manuel Altolaguirre, me emocioné.
Es sencillo como una confidencia que se le cayó del bolsillo un buen día sin querer, cálido como el aliento de un susurro al oído y triste como el eco que retorna sin voz.
Y construí este dibujo.
marlo
(desde una larga distancia)






















¡Ven, que quiero desnudarme!
Ya se fue la luz y tengo
cansancio de estos vestidos.
¡Quítame el traje! Que crean
que he muerto, porque desnudo
mientras me velan el sueño
descanso toda la noche;
porque mañana temprano,
desnudo de mi desnudo,
iré a bañarme en un río,
mientras mi traje con traje
lo guardarán para siempre.
Ven, muerte, que soy un niño
y quiero que me desnuden,
que se fue la luz y tengo
cansancio de estos vestidos.
(M. Altolaguirre)

miércoles, 3 de junio de 2009

Libro: Desde la cueva (3) Fragmento


(Partes de una cueva)

2. Las paredes.

En los días calurosos, las paredes de la cueva están frías y aparecen revestidas de un inexpresivo papel cobertor como una máscara blanca carente de gesto;

(El gesto lo desvela la sombra. Las sombras son el papel pintado que conforma una película cinematográfica. Se proyectan aquí, pero el movimiento continuo les impide fijarse en un ahora, siempre en constante aleteo hacia el devenir. Las sombras son dúctiles, arbitrarias, caprichosas; saben a pepino y a sal, a vainilla sin azúcar ; y huelen como las manos manchadas de un niño.)

sin embargo, en los días húmedos y desapacibles las paredes tornan cálidas y alientan al invitado, también en las noches de lluvia.

(Una noche soñé con él y con los otros; con los que estuvieron y los que pasaron de largo. Todos se hallaban congregados a un festín sin anfitrión. Ellos me hablaban y yo les observaba deseando escapar. Mis ojos rastreaban la salida, los cubrí con las palmas de las manos; aun así, sus voces, la música y el olor de la comida permanecieron en la cueva. A la mañana siguiente descubrí los restos del ágape sobre las paredes.)
Marlo
(en el interior)