miércoles, 26 de octubre de 2011

Una mañana de viernes me encontré.


Un artista es capaz de mostrar cosas que
a otras personas les aterraría expresar.
Louise Bourgeois 
El arte es la filosofía que refleja un pensamiento.
Antoni Tapiés

Una mañana de viernes, y después de haber leído la noticia en la prensa, salí en busca de “El reencuentro” anunciado. Y cuando abrí la puerta de la galería, allí estaban: Louise y Antoni, de la mano como dos buenos amigos. Pregunté a una persona de la galería el porqué de este enlace, si se habían conocido, si se admiraban mutuamente, si existía, en definitiva, una historia que motivase este reencuentro. Y la respuesta que obtuve fue: “Son los dos artistas más representativos e importantes de nuestra galería”.
Y cómo desconozco si hay o no historia, esta cuestión no me ha quedado muy clara, he decidido contar otra historia: la acontecida esa mañana en mi reencuentro con Louise Bourgeois. A Louise me la encontré hace muchos años por las salas del Reina Sofía, entrando y saliendo de sus celdas (cells), unos espacios personales donde recrea y revive emociones del pasado, para liberarme de el doloroso pasado tengo que exorcizarlo a través de mi escultura. No estoy interesada en los escenarios o en el teatro. En mi escultura hablo sobre la carne y sobre la sangre. Persigo lo real”.
Lo real, sus objetos nombrados y presentes, me los he vuelto a encontrar cara a cara, está vez en la galería Soledad Lorenzo de Madrid y, como en aquella otra ocasión, me han seducido, conmovido y me han alejado un poco más de esa otra realidad que nos acecha mal denominada realidad sociocultural. Porque si de realidades se trata, creo que la gran maquinaria comercial sociocultural actual supera en ficción a la máquina que engulle a Charlot en Tiempos Modernos.
No sé si Louise y Antoni se dan la mano realmente; de hecho, después de verlos juntos, creo que funcionan mejor por separado. La sincera emoción y el misterio sin artificios que desbordan las piezas de Louis Bourgeois, unido a la presencia inquietante de cada una de sus piezas que se graba por siempre en la retina del espectador, no ayudan a acercarse a las obras de Antoni Tapies, extraño alquimista, que no pierde la razón por mucho que lo intente, empeñado en eliminar, o superar, la dualidad naturaleza/hombre, materia/espíritu, que tanto le atormentan. Y en esa lucha personal, a veces, pierde batallas y, en otras ocasiones, sale victorioso, con el sombrero bien puesto, de uno de sus magníficos armarios. 
En la entrevista que le hizo Donald Kuspit, Louise Bourgeois comenta cómo se hizo artista: “Los tapices siempre estaban dañados en la parte inferior. Se usaban como paredes móviles en habitaciones que no estaban muy limpias, y se gastaban sobre todo en el borde inferior, que a veces se destruía por completo. De ahí que a las figuras por lo general les faltaran los pies. Dibujé el primer pie a petición de mi madre y luego me volví una experta en pies. Y eso es así hasta hoy, dibujo muchísimos pies. Me sentía muy satisfecha con los pies que dibujaba para mi madre. Era una gran victoria. Y eso también me enseñó que el arte es interesante y puede ser muy útil, algo que hoy ya no se aprecia. El arte puede reparar. Eso me daba mucho placer. A todo el mundo, los pies que yo reparaba les parecían maravillosos. A mí no, pero a los demás sí. Así fue cómo me hice artista.”   
Antón Lamazares preguntó a Tapiés en una entrevista “Qué es para usted la realidad?”, y esta fue su respuesta: “Es difícil hablar de esto hoy en día, porque no hay ningún movimiento artístico que no reclame una cierta relación con la realidad; todos reivindicamos que queremos descubrir lo que es la realidad. Yo creo que ésta es la meta de todo artista, incluso de todo intelectual: saber, conocer lo que somos. Que es algo que tiene, además, una repercusión sobre nuestro comportamiento, porque, como decía Aranguren, “no hay estética sin ética”. Yo lo intento, intento llegar a la realidad, pero no me pongo delante de las cosas a copiar la realidad.”
No hay nada como una mañana de encuentros reales. Creo que la próxima vez invitaré a Charlot para que me acompañe, ya que él sabe mucho de maquinaria pesada. 
mar lozano

















"Louise Bourgeois y Antoni Tàpies. Rencontre"
GALERÍA SOLEDAD LORENZO
c/ Orfila, 5
28010 Madrid
Del 18 de octubre al 27 de noviembre de 2011
Lunes, de 17:00 a 21:00 horas
De martes a sábado, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00 horas


domingo, 2 de octubre de 2011

Pina Bausch

 

Dance, dance... otherwise we are lost.
Pina Bausch
Ayer vi a Pina de la mano de Wenders. Y me generó tantos sentimientos contradictorios e interrogantes que, cuando salí del cine, la odié. Dentro, frente a la pantalla, sentí rabia, miedo, ira, fiesta, impotencia, fragilidad, deseo, dolor, piedad. Uno no puede guardar de un solo gesto todo eso en el bolsillo y sacar a continuación el tique del metro, como hice yo, sin caer en un tremendo vértigo.
Envidio ese medio artístico y lo que provoca. No hay distancia entre el autor y la obra porque la obra es él, el bailarín que la vive y la presenta en su extrañeza, en su cercanía, en su soledad que comparte.
Es el lenguaje perfecto para el artista. No crea un producto que, una vez terminado, se deba presentar en un espacio y preservar en el tiempo; la obra tiene la flexibilidad del movimiento que nos anima y nos hace respirar. El bailarín se manipula a sí mismo para buscar, encontrar y compartir en un singular banquete. 

Esto fue lo que pensé y, por eso, esta mañana me ha resultado curioso, y he sonreído, al leer estas palabras sobre ella en una entrevista realizada a Win Wenders: “Cuando vi por primera vez «Café Müller», y fue tarde porque vivía entonces en los Estados Unidos, pensé que quizá sabía bastante sobre cine, pero no sobre el movimiento. Nos hicimos amigos. Ella tenía un deseo existencial de que su obra existiese en otro medio, que no tuviese cada vez que ser representada para permanecer. Pero yo no encontraba el modo de trasladar su lenguaje al cine.”

Ahora entiendo que una obra como la de Pina Bausch tiene tanta fuerza y humanidad que no puede hacer otra cosa que permanecer, independientemente del medio. Una mirada como la de ella no se extingue.
Maravillosa película de Win Wenders que recomiendo.
(marlo todavía en el cine)