lunes, 29 de febrero de 2016

Ilustraciones para Los poetas de la senda


En el 2013 Chema Rubio me encargó las ilustraciones para un libro pensado como una pequeña muestra de la poesía contemporánea sin fronteras. Una idea tan heterogénea debía tener un eje, no tanto una temática: la figura de un gran poeta, Miguel Hernández. Un eje que es el rostro de todos los poetas, el semblante del hacer poético. 

Comencé a trabajar en esta idea. La voz de Miguel Hernández vagaba sin rumbo en mi imaginación, su retrato yacía en calma en mi memoria. Boca que arrastra mi boca: / boca que me has arrastrado: / boca que vienes de lejos / a iluminarme de rayos. Busqué su imagen, dibujé su boca, intenté leer tras sus ojos. Su rostro se alzó entonces ante mí como un proscenio tras el que representar el proceso artístico. Dibujaría su rostro como un escenario. 

Las ilustraciones que realicé son retratos-escenarios donde se escenifican diferentes sucesos, diálogos entre el inconsciente y la consciencia, fértiles juegos de la memoria que como un árbol se ramifica en nuestro interior. Retoñarán aladas de savia sin otoño / reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida / Porque soy como el árbol talado, que retoño: / porque aún tengo la vida.

Ilustrar es para mí un modo de alumbrar el lenguaje y ampliar sus límites. Un libro ilustrado es algo más que bellas imágenes, es el resultado del esfuerzo de aunar imaginación y entendimiento para jugar con la realidad que nos rodea y generar una experiencia que enriquece nuestra percepción.

Mar Lozano (entre bambalinas)

Ver todas las ilustraciones en: Ilustraciones Los poetas de la senda


Ahora que tienes el libro entre las manos, suerte en el camino del saber, fuerza para seguirlo y no abandones la alegría. Chema Rubio, Introducción, Los poetas de la senda, 2014, Madrid. 


lunes, 1 de febrero de 2016

PIELES DE ITALIA. Gio, el viajero obstinado.

¿Quién es Gio?

Gio es uno de esos personajes de ficción que se escapan de las manos de su creador para mantener un diálogo frente a él más allá de los límites establecidos. Existen muchos ejemplos cercanos en el mundo literario: Augusto, protagonista de Niebla, de Unamuno; los seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello; y en el mundo del cine, Truman Burbank, de El show de Truman. En todos estos casos, el creador necesita enfrentarse a su propia conciencia, poner en juego su labor, superar esa desquiciante barrera entre ficción y realidad.

Gio nació de un modo más modesto y natural, quizá porque no lo planeé en ningún momento. Los hechos surgieron como a continuación relataré.

El año pasado recibí el encargo de hacer las ilustraciones del libro Pieles de Italia, de Pedro Bosqued. Desde el primer momento, me sedujo la idea de diseñar ciudades que no he visitado siguiendo la voz de un supuesto paseante. Además, me dieron toda la libertad para hacer lo que quisiese. Como me cuesta mucho abandonar mi propio discurso, y yo estaba trabajando en ese momento en torno a la idea de la casa y de habitar, decidí incluir una casa con piernas en casi todas las ilustraciones. También pensé que sería divertido, puesto que son ciudades recreadas literariamente, partir de la palabra como base. Escogí las páginas de un libro que me serviría como soporte de los dibujos, como cielo y tierra sobre el que levantar las ciudades. Toda ciudad es su historia, y toda historia es escrita e interpretada a lo largo del tiempo. De esta forma también quedaba oculto un diálogo subterráneo con el propio libro. No puedo evitar esconder cosas; construyo escondiendo; el escondite es mi hábitat natural. Las bases del juego estaban creadas, solo había que deleitarse jugando, cimentando las ciudades-collages.

La mesa de mi estudio era una gran pirámide irregular de dudoso equilibrio cuando por fin finalicé mi tarea. Sobre ella había todo tipo de recortes, papeles, pegamentos, libros, revistas, hilos, rotuladores y lapiceros. Me puse a ordenar. De entre cientos de fragmentos, surgió el recorte de una casa con piernas que había desechado con anterioridad por alguna razón que ya no recordaba. No quise tirarlo y, en ese preciso instante, una idea estrafalaria iluminó mi imaginación: lo metería dentro de un sobre rojo y se lo enviaría a el autor del libro, como el único resto superviviente de un naufragio. Y puestos a ello, también le escribiría una carta. Me di cuenta entonces que si la casa con piernas escribía al autor, debía de contar con un nombre con el que presentarse, pero ¿cómo asignar un nombre a una casa con piernas? Teniendo en cuenta que ya había escondido un libro dentro de otro con las ilustraciones, el nombre debía responder a este hecho. Gio sería la primera pista sobre el texto escondido. De este modo nació, a principios de un caluroso mes de junio, Gio.

A partir de ese momento Gio ha tenido una vida muy ajetreada. Para desgracia y desconcierto del autor del libro, se ha convertido en un obstinado viajero al que le gusta escribir con frecuencia cartas, diseñar mapas, tomar anotaciones y postales que dirige con insistencia a Pedro. Me temo que hace tiempo dejé de controlar a Gio; Pedro, por su parte, se ha transformado en una persona más paciente. Son pequeños inconvenientes del mundo creativo.

Cuando me preguntan ahora ¿quién es Gio?, no sé muy bien qué contestar. Creo que Gio apela a esa parte de nosotros que se resiste a la inmovilidad, que apuesta por el nomadismo, que necesita entender este mundo como un lugar de búsqueda y de juego, que cómo decía Luigi Pirandello, busca construirse a sí mismo como una casa.
Mar Lozano 
(de la mano de Gio)

Información del Libro Pieles de Italia