viernes, 26 de noviembre de 2010

La noche es el espacio habitable que deja un recuerdo. Y, a veces, cuesta caminar en la oscuridad.

(marlo noctámbula)

lunes, 25 de octubre de 2010

El poema que tejió la araña

Un pequeño aperitivo:

 

Un poema es una casa habitada, un refugio de amplias ventanas que muestran diferentes panorámicas del jardín universo, una larga carta que narra las aventuras y desventuras de los pies que corretean tanto fuera como dentro de la morada, una cueva platónica donde la mirada se identifica con la sombra.
     Un poema visual, en cambio, es la radiografía espectral de la casa y el mapa térmico de lo que allí se encuentra. Es una tela de araña tejida con el pulso de un equilibrista y la bella danza de la bailarina que seduce e incita.
..

(Fragmento del artículo: "El poema que tejió la araña")

 

Os adjunto el enlace donde podéis leer el artículo completo y ver algunos de mis trabajos más recientes. Han sido publicados en el número 27 de la revista El coloquio de los perros

 

También os invito a pasear por las páginas de esta nueva edición, hay cosas muy suculentas.

Bon appétit

sábado, 11 de septiembre de 2010

Tras el horizonte de la poesía

He abierto un nuevo espacio de poesía experimental y lo he bautizado como: Tras el horizonte de la poesía. 
Estáis invitados a pasear por él y hacer las sugerencias que queráis.
En principio es un espacio donde mostrar algunos de mis trabajos como poeta visual; pero, con el tiempo, me gustaría ir comentando obra de otros artistas, con el fin de visualizar y desentrañar ese rico entramado que es el lenguaje poético visual.

marlo

martes, 7 de septiembre de 2010

Y el loco miró al cuerdo...

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Temo a la locura tanto como a la cordura, porque el extremo siempre desea su contrario y en algún momento lo hallará.
El loco, con el tiempo, se vestirá de los ropajes del cuerdo; y el cuerdo, cuando se desnude, se encontrará cara a cara con su locura.

El loco dijo: No tengo pies.
El cuerdo respondió: No importa, usa zapatos.

Afirman que el loco como el niño siempre dicen la verdad, pero no es cierto. El loco miente a los oídos del cuerdo; y el cuerdo, esconde en su mano lo que sabe que es verdad.

El loco se comió una mariposa porque deseaba volar.
El cuerdo se compró un cazamariposas.

El loco se dirige con palabras educadas a su imagen reflejada en el espejo, y se apena porque el mundo ha dejado de hablarle.
El cuerdo se entristece al observar su rostro en el espejo, pero, cada mañana, se afana en afeitar con precisión su mudez.

El loco, descalzo, increpó al cuerdo en medio de la calle.
El cuerdo se quitó los zapatos y se los arrojó.


(Marlo midiendo extremos)

miércoles, 25 de agosto de 2010

Mujeres poetas visuales 2010: rompecabezas incompleto por J. Seafree

Os invito a echarle un vistazo al artículo de J. Seafree sobre la POESÍA VISUAL FEMENINA ACTUAL que ha sido publicado por la Revista BOEK Visual y la Revista Alteridad (hacer clic en el enlace del título).

Un valioso estudio sobre la voz femenina dentro de la poesía experimental que provoca nuevos interrogantes y enriquece el modo de aprehender lo poético.

miércoles, 23 de junio de 2010

El autorretrato siempre es cosa de dos

(Fotografía de Juan Antonio Castro)





















Me miré al espejo y allí no estaba.


En su lugar, alguien había dibujado

unos delicados labios temerosos de las palabras,

una nariz seria e infantil 

como un día de colegio sin recreo,

dos orejas con cierta tendencia a replegarse,

una frente esquiva e indócil,

y unos ojos oscuros como el interior de un túnel.

Aquel rostro desconocido no me saludó

y yo le di la espalda avergonzada.

(marlo sin mar)

sábado, 12 de junio de 2010

Una pequeña confesión

(La culpa es de la obra que se ve en la foto: una de mis cajas sin título, me resisto a ponérselo.)


Padezco una ceguera crónica desde que abandoné mi escondite detrás de un sillón a la edad de cuatro años por imposición familiar; también una ligera cojera causada por mis vagabundeos mentales que me impide correr a la misma velocidad que los demás; y mi sistema auditivo se resiente ante determinados ruidos, conversaciones que no logro registrar y por lo tanto entender.

Sin embargo, y a pesar de mis limitaciones, cuando toco las paredes de la cueva siento las imágenes que han sido olvidadas; leo en los labios de las personas cuando hablan; y mis manos son precisas y ágiles.

No sé caminar contando los pasos; me paralizo cuando los demás ponen en mi boca sus palabras; me divierte jugar a cazar lo inaprensible, no así las mariposas; y me desnudan cuando me quitan las gafas.

Marlo
(bajo un paraguas)


lunes, 31 de mayo de 2010

La hoguera de las etiquetas

A veces siento que vivo en un gran supermercado donde uno tiene al alcance de la mano cualquier cosa que desee para su consumo. Eso sí, debidamente envasado, siguiendo los gustos estipulados por el buen marketing; certificado, habiendo pasado unos rigurosos controles de calidad mediáticos; y etiquetado.

Las etiquetas son muy importantes, ¿cómo si no saber el valor que tiene lo que se ha comprado? ¿Cómo distinguir al enemigo y al que puede ser amigo? ¿Cómo encauzar una conversación si nuestro interlocutor carece de etiqueta?

Etiquetamos los sentimientos, las relaciones, las ideas, los cuerpos, los conceptos, los barrios, las ciudades, los gestos, la cultura, la historia, los versos, el sexo, las palabras. No es lo mismo decir Dios en una Asamblea de eruditos judíos a pronunciar la misma palabra en el Congreso Mundial de Ateísmo; o hablar del poeta fulano en la Feria del Libro, a referirse a fulano, que es poeta, y que sigue empeñado en una búsqueda personal que sólo él entiende.

Por eso en los supermercados no importan los nombres sino las marcas. La marca no es sólo un nombre sino que es garantía, pertenencia, prestigio, y que produce anomalías mentales y parálisis emocional irreversible, pero ¿a quién le importa?

Yo personalmente me quedo con los nombres, y si estuviese en mi mano hacer una gran hoguera con todas las etiquetas, estaría encantada de prender la mecha.

marlo (asomada al balcón y sin etiquetas)

sábado, 22 de mayo de 2010

Bestiario de interior (fragmento)

Un nuevo proyecto, ¿por qué no? Tengo tantos en gestación que uno más no dañará la caótica masa en fermentación de nada.

Proyecto sacar adelante un bestiario de interior. ¿El motivo? ¿Quién no tiene dentro bichos, fantasmas, monstruos de dos cabezas y afiladas garras, deformes seres a los que les huele el aliento, extrañas aves que vuelan sin sombra y sin alas, o duendes de ojos saltones y siniestras sonrisas congeladas?

Mi objetivo es extraerlos con unas tenazas y arrojarlos fuera. Quizá vuelvan a introducirse en cuanto abra la boca o, tal vez, olviden el camino por siempre jamás.

Que así sea.

La alimaña

La alimaña se esconde de la luz en el interior del hueco, su rostro es demasiado feo para ser expuesto, y sale durante la noche bajo una dulce y apacible máscara de redondas facciones y tez tan blanca como la luna.

Y no es por casualidad: en esas noches, en las que la alimaña se pavonea por las calles, no hay luna que compita con su oscura blancura, tampoco sol que descubra la mentira. Una débil luz de neón se extiende a su paso: el farolillo ciego e impenitente.

Bajo su tenue resplandor se mueve la alimaña buscando lamer el calor energético de la presa, necesario para sus largas etapas de hibernación. Se deleita con el olor de la herida y en las llagas profundas se baña desnuda, dejando el disfraz guardado a buen recaudo.

Es por esto que hay heridas inmunes a los ungüentos, a las oraciones, a los besos, a la saliva, y no llegan a supurar.

Es difícil librarse de la alimaña. Es astuta, cautelosa, certera, y posee un olfato muy desarrollado que puede detectar el menor indicio de inclinación, de oscilación emocional, que aprovecha para deslizarse a través de la herida inflamada por el dolor e hincar sus afilados dientes.

Sólo existe un modo de enfrentarse a la alimaña: robarle el disfraz y dejarla desnuda a merced de las miradas ajenas que se reirán de su fealdad.

mar(lo)

lunes, 26 de abril de 2010

Rojo



En una ocasión un amigo me preguntó por qué en mi obra todo era rojo. Contesté que no todo era rojo, también era azul, y el resto de colores no eran sino meras aproximaciones al rojo o al azul. En función de la distancia, adquirían una tonalidad u otra.
Los colores son como son dependiendo de la distancia, igual que un punto se define por su posición respecto a otro punto, o la coordenada espacio-tiempo se genera según el movimiento de la materia, como el dedo de un niño presionando un trozo de plastilina.
No sé si mi amigo me entendió, pero a mí me entraron unas inusitadas ganas de aprehender el rojo y guardármelo en el bolsillo. Las cosas importantes uno siempre las lleva en los bolsillos.
El presente ensayo (que tiene más de cuento que de científico) es un intento de entrever el interior de la cera de color rojo que utilizaba obsesivamente cuando era pequeña en mis dibujos y que, por lo visto, no he sabido desprenderme de ella.


El color rojo
El rojo es un vaso, también podría ser una puerta.
Un vaso que se lleva en la mano de un lado a otro de la casa e, incluso, cuando se sale al exterior, porque fuera puede llover y dentro siempre es necesario beber.
El vaso está en contacto con los labios, los besos y la luz que expande el cristal. El vaso se ofrece al recién llegado o, por el contrario, se retira de la mesa.
Si el vaso se rompe, el rojo se esparce en todas las direcciones como una tela de araña manchada de vino.

El rojo es un deseo.
El deseo que abre una puerta sin querer y sin previo aviso.
Una puerta es siempre un escondite. Cuando la tierra tiembla y los pasos vacilan, el lugar más seguro es bajo el dintel de una puerta, la puerta que abrió el deseo.
Si la puerta encuentra su reflejo, se duplica. Entonces el deseo torna a la forma de un laberinto primigenio y el único modo de guiarse es seguir el trazado de la línea roja continua.

El rojo es la huella.
Las huellas que dejan mis pasos en la oscuridad de la noche pero que al llegar el alba se ruborizan ante las indiscretas miradas ajenas.
El rastro siempre persiste y se desnuda al sol del recuerdo, aunque tirite de frío porque en el mundo real el alma esté a diez grados bajo cero o, por el contrario, el sudor desdibuje su contorno porque el calor que hace es asfixiante.
Todavía no sé –¡hay tantas cosas que me quedan por aprender!- si la huella es huella antes de ser roja o el rojo adquiere forma de huella.

El rojo en el ojo
Una mañana me levanté con la extraña sensación de estar desnuda. Cuando me miré al espejo me asusté: la córnea de mi ojo izquierdo se veía roja, uniforme y brillante como una clara de huevo. El color me sedujo, parecía que alguien iluminase desde el fondo con una linterna roja.
Ese día viajé en avión bajo la presión de haber contado una pequeña mentira.
En el viaje descubrí que desde lo alto el color es una invención necesaria.
Quizá el rojo esté en mi ojo o, tal vez, mis ojos no puedan ver otro color.

Marlo (sobrevolando)

miércoles, 31 de marzo de 2010

EL LIBRO DEL DES-EQUILIBRIO (Fragmento)

Este libro es un instante en el paso que dibuja la distancia.
Este libro es el esbozo de mi cuerpo fragmentado siete veces siete.
Este libro es la cartografía de la planta del pie.
Este libro lo conforman palabras, telarañas, hipos e intervalos escondidos.
Este libro es un estuche que guarda el equilibrio de un caballo desbocado.
Este libro pretende sostener aquello que se oculta en el reverso del movimiento y tras el dorso del reposo.
Este libro es una gran mentira, tanto como la visión del cuerdo o el sueño de un demente.





















(Descenso)
Los tambores anuncian
un amanecer sin pájaros,
un mar sin conchas,
el viento enmudecido de la ciénaga.

Marlo
(7 de 7
tras
abrazo)

lunes, 1 de marzo de 2010

Convexo

De cómo un pequeño trozo de cielo se llegó a romper en mis manos.
(escuchar en el enlace de audio)





marlo