miércoles, 2 de septiembre de 2009

Desde la cueva (6) Fragmento

(partes de una cueva)

5. El hueco

El hueco designa varias acepciones. Caprichosamente elijo tres: el hueco como abertura en un muro, como condición de vacío interior y como sonido retumbante y profundo.

De este modo la palabra hueco define un extraño recorrido: dibuja una fisura, crea un espacio interior y lo recorre con la resonancia de la palabra que lo nombra. Es entonces cuando el hueco se hace cueva.

(El hueco de mi cueva es pequeño, está a ras del suelo y posee la cualidad de permitir la salida, no así la entrada.

Desde el hueco hablo con los transeúntes de fuera, y las palabras son modificadas por un efecto mágico nada más rozar sus negros barrotes que, a modo de enormes y vibrantes cuerdas vocales, modulan el sonido según entra o sale de la cueva.

También observo el exterior y puedo saber con cierta antelación quién dirige sus pasos hacia la cueva, si llamará a la puerta o indeciso se tomará su tiempo frente al hueco hasta tomar una decisión.

En esos momentos invento historias sobre los posibles desencadenantes y efectos secundarios que conllevaría tomar una alternativa o su contraria. Sólo un hecho se repite en todos los cuentos: la cueva se transforma en un lugar diferente dependiendo de quién llame a la puerta, se refleje sobre las paredes, deje la impronta de su huella, elija adentrarse o emerger utilizando la escalera y proyecte su voz a través de los barrotes dúctiles y herrumbrosos.

Por la cueva han pasado Don Quijotes meditabundos buscando la imagen cada día más difuminada de su amada Dulcinea, Caballeros Inexistentes de resplandeciente armadura blanca y dentadura sin usar, lobos esteparios tras los pasos que perdieron en la calle de sus recuerdos, cazadores con piel de cordero de suplicantes sonrisas afiladas como navajas, fantasmas timoratos obsesionados por una visión que consideran real y una larga lista de invitados, intrusos, mirones y despistados que han habitado la cueva por un segundo, horas, días e incluso noches.)

Fuera de la cueva (a modo de despedida)

He abandonado la cueva. Me ha costado emerger por la escala y salir al exterior a través del hueco. 

En cuclillas, con una mano sujetando la maleta y con la otra agarrada a uno de los barrotes, me he inclinado hacia dentro y he pronunciado mi nombre; la cueva me ha devuelto su eco. 

El rumor del mar ya nunca sonará igual en mis oídos. 

1 comentario:

  1. Has salido de la cueva. A mí me gustaba; sobre todo con esos tímidos animalitos que corrían nada más verte al principio de tu estancia. Bueno, estoy deseando conocer tu nuevo espacio.

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