domingo, 2 de octubre de 2011

Pina Bausch

 

Dance, dance... otherwise we are lost.
Pina Bausch
Ayer vi a Pina de la mano de Wenders. Y me generó tantos sentimientos contradictorios e interrogantes que, cuando salí del cine, la odié. Dentro, frente a la pantalla, sentí rabia, miedo, ira, fiesta, impotencia, fragilidad, deseo, dolor, piedad. Uno no puede guardar de un solo gesto todo eso en el bolsillo y sacar a continuación el tique del metro, como hice yo, sin caer en un tremendo vértigo.
Envidio ese medio artístico y lo que provoca. No hay distancia entre el autor y la obra porque la obra es él, el bailarín que la vive y la presenta en su extrañeza, en su cercanía, en su soledad que comparte.
Es el lenguaje perfecto para el artista. No crea un producto que, una vez terminado, se deba presentar en un espacio y preservar en el tiempo; la obra tiene la flexibilidad del movimiento que nos anima y nos hace respirar. El bailarín se manipula a sí mismo para buscar, encontrar y compartir en un singular banquete. 

Esto fue lo que pensé y, por eso, esta mañana me ha resultado curioso, y he sonreído, al leer estas palabras sobre ella en una entrevista realizada a Win Wenders: “Cuando vi por primera vez «Café Müller», y fue tarde porque vivía entonces en los Estados Unidos, pensé que quizá sabía bastante sobre cine, pero no sobre el movimiento. Nos hicimos amigos. Ella tenía un deseo existencial de que su obra existiese en otro medio, que no tuviese cada vez que ser representada para permanecer. Pero yo no encontraba el modo de trasladar su lenguaje al cine.”

Ahora entiendo que una obra como la de Pina Bausch tiene tanta fuerza y humanidad que no puede hacer otra cosa que permanecer, independientemente del medio. Una mirada como la de ella no se extingue.
Maravillosa película de Win Wenders que recomiendo.
(marlo todavía en el cine)


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