lunes, 27 de febrero de 2012

Encuentros y desencuentros en una feria de arte


Como sabéis, aquellos que me habéis visto por allí, estos pasados días he participado en la feria Just Madrid 3. Una experiencia con la que he aprendido mucho, sobre todo, charlando con gente muy interesante. A la feria llevé algunos libros de artista y una obra objetual: un pequeño guiño al poder de la palabra y de la creación. 

Y girando en torno a esta idea, al poder y el valor que tiene el proceso creativo, quiero engarzar unas breves reflexiones sobre el arte actual y el mercado que genera, por lo que he podido observar en muchas ferias de arte.

En la obra Cámara de combustión, sobre una pequeña peana, se alza un peculiar quinqué. Dentro del quinqué las palabras sirven de combustible para generar la luz. A un lado, sobre un pequeño plato de té, una caja de fósforos encierra el texto de la obra y, como no, cerillas.

El texto explica qué es la combustión, la llama y la cámara de combustión. Y trata de hacer una comparación analógica entre el artefacto y el origen de la palabra: “La palabra nace del roce: la tensión entre el movimiento y la retención; es decir, de la contradicción avanzar / permanecer”…

La palabra manipulada de determinada forma genera luz, a través de las manos del artista. Es decir, igual que el proceso creativo está en el centro del mundo del artista (el artista apuesta por el arte no por sí mismo), debería también posicionarse en el eje sobre el que gira el comercio del arte.

Pero, en muchos casos, el eje no es la creación, ni la calidad de la obra, ni lo que el arte aporta con su capacidad de nombrar y de innovar. Si el eje no es ese, una feria de arte es una seudoferia de alfombras, de comestibles, o de máquinas cortacésped, porque en realidad no vende alfombras, ni comestibles, ni máquinas cortacésped aunque uno se los pueda encontrar lícitamente en una feria de arte.

Esto ocurre porque, en muchos casos, no hay una apuesta real por el arte, sino que se apuesta por el mercado (y en el mercado cabe todo aquello que tenga un precio rentable). Y es un error, se debería apostar por el arte y generar un mercado para ello, teniendo en cuenta la evolución del arte; y no introducir cajas de mantequilla maquilladas de innovación en los estantes de un supermercado obsoleto.

Y esta labor no es del artista, sino de las galerías e instituciones organizadoras que se supone cuentan con gente especializada para, entendiendo el arte, desarrollar la difusión, sensibilización y comercialización del mismo.

Lo curioso es que desde hace tiempo el artista no sólo se tiene que preocupar de crear, sino que termina asumiendo el papel de creador, exhibicionista de su propia obra, vendedor, organizador de eventos, malabarista de la palabra y, como nos descuidemos, aniquilador de la competencia (y no engaño, me ha ocurrido que otro artista haya decidido quitarme del medio).

¿No amábamos el arte?

Prueba de este desenfoque, o de esta traslocación del eje, es la importancia que han llegado a adquirir figuras como los curatores, los críticos y los comisarios de arte. Labor que acometen que me parece relevante y muy necesaria, pero en su justa medida. 

Por eso hago esta reflexión, no tanto para criticar, como para poner en evidencia que quizá debamos apostar de nuevo, tanto artistas como galeristas e instituciones, por lo realmente importante, en este caso el arte. Y saber que cuando se vende una obra mala como arte a un precio astronómico no es un triunfo de mercado, a quien se hace daño es al artista. Porque la ceguera tiende a extenderse.
Mar Lozano



2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo contigo. El gran problema es que la mayoría de los artistas, galeristas e instituciones apuestan por el becerro de oro del mercado, como tú bien dices, a veces el artista se convierte en "aniquilador de la competencia".

    En cuanto a los comisarios de arte; en su gran mayoría se comportan como comisarios políticos: controladores ideológicos de los artistas.

    Parece mentira, pero este debate lo teníamos a mediados de los 80. Veintisiete años después estamos en las mismas o peor. Ya entonces decíamos que era vital que los artistas entendieran que no pueden ser "sólo" artistas,( no dejar que los comisarios de arte istrumentalicen nuestra obra) a menos que queramos ceder la iniciativa de nuestra propia obra.

    Saludos, Marlo

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  2. Hola Ilkhi.
    Me alegra saber de ti y, sobre todo, a través de tus palabras. Creo que has resumido la cuestión mejor que yo.
    He hablado con algunas personas sobre ello y me remiten al papel social y político del arte actual; a la importancia de trabajar artísticamente vinculado a colectivos y de no sé cuántas cosas más.
    Y al final, tengo la sensación de que los planteamientos de base siempre dan miedo o, en el fondo, no interesan.
    Un abrazo,
    mar

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