domingo, 3 de mayo de 2009

Historias por contar

Cada noche, al tumbarme en la cama y mientras mi cuerpo se abandona al descanso, mi mente fabrica imágenes de forma involuntaria, breves extractos de posibles cuentos. En esos momentos siento rabia porque no estoy en condiciones de escribir e impotencia porque sé que perderé esos fragmentos de historias y, por una cuestión de estadística, siempre habrá alguno que merezca la pena. 
Por este motivo he decidido colocar un breve cuaderno y un bolígrafo junto a la lamparilla de noche y comenzar lo que he llamado supuestos de cuentos. No son relatos, tampoco ideas ocurrentes dignas de mención, ni breves anotaciones sobre sucesos acontecidos; sino esqueletos de cuentos que quizá un día vean la luz. 

Supuesto nº1 de un cuento.

(Un hombre camina por una carretera. Su paso es lento y regular. Los brazos le caen a ambos lados del cuerpo como dos sacos de patatas y mira al frente con cierto recelo.)

(La carretera es poco transitada. Un coche reduce la velocidad y para a su lado. Desde la ventanilla el conductor, un joven en mangas de camisa y con la corbata a medio anudar, le indica con una seña que le llevará si así lo desea. El hombre parece dudar pero finalmente accede.)

(Dentro del coche el joven le ofrece un cigarrillo y le pregunta hacia dónde se dirige. La conversación sería algo así:
- Donde voy carece de importancia.
- ¿Por qué? 
- Porque moriré al sobrepasar el árbol número 283.
- ¿Cómo dice?
- Digo que moriré al llegar al árbol número 283 –y le señala con el dedo los árboles alineados a un lado de la cuneta. 
- ¿Está de broma? 
- No bromearía sobre algo así.
- ¿Y cómo sabe cuál es el árbol 283?
- Porque he comenzado a contar cuando me he subido a su coche. 
- ¡Ya! ¿Y por qué está tan seguro de que morirá?
- Porque usted morirá a la altura del árbol 283.)

(El joven, nervioso y enfadado, arroja el cigarrillo por la ventanilla, frena el coche con brusquedad y le pide que se baje inmediatamente. El hombre lo hace con cierta parsimonia y una vez sobre la calzada le tiende la mano y le obsequia con una amplia sonrisa:
- Ha sido muy generoso de su parte, se lo agradeceré lo que me reste de vida.)

Marlo
(un paseo en coche)

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